La primera, que los republicanos ganen ambas cámaras. Trump se haría más poderoso; desempolvaría la opción nuclear para acabar con Irán; confrontaría con más fuerza a China, su mayor pesadilla; continuaría distanciándose de Europa y de la OTAN; les subiría los aranceles a países del BRICS; intensificación de las deportaciones; más presión sobre México y Canadá; posible intervención en Cuba y, la grieta entre los liberales y la ultraderecha se abriría profundamente polarizando la sociedad como nunca.
Además, impulsaría la IA sin restricciones; eliminaría los controles ambientales sobre la minería y la industria, especialmente la explotación del carbón y; los conflictos con los medios de comunicación llegarían a niveles tóxicos, restringiendo la libertad de prensa.
La segunda, que los demócratas ganen en ambas cámaras. El poder de Trump cae en picada; en una de sus rabietas puede renunciar y pasarle el trono a J.D. Vance; podrían abrirle un juicio político (Impeachment) por las maniobras financieras de sus allegados y tomar decisiones pasándole por encima al congreso; tendría que eliminar aranceles impuestos unilateralmente; el presupuesto cambiaria de rumbo, especialmente en el gasto defensa versus programas sociales eliminados y; la guerra con Irán tomaría un nuevo giro, con el petróleo y la inflación cayendo.
Además, se impondrían controles al desarrollo de la IA y a la emisión de carbono (CO2) que afectan el medio ambiente. Gobernar en esas condiciones seria insoportable para un hombre acostumbrado a imponer su criterio.
La tercera, el congreso se divide. Es casi igual que la segunda, pero si controla el senado, puede mantener cierto poder (nombramientos de jueces y gabinete). Lo más importante es que le garantiza a Trump que no será destituido en un “impeachment”. Su maniobra para cumplir su agenda en los próximos dos años de gobierno, con un congreso dividido, se vería muy afectada, incluyendo el tema migratorio y sus planes de guerra con Irán.
Se podrían derivar múltiples consecuencias en cada una de estas tres opciones, donde también serán determinantes las elecciones de gobernadores y alcaldes en varios estados, incluyen el destino de Netanyahu en las elecciones a finales de octubre.
República Dominicana, ante cualquiera de esos escenarios, mantendrá una fuerte alianza con EE. UU. y Trump, aunque nos convendría la segunda opción para frenar la guerra, las tensiones geopolíticas y la imposición de aranceles arbitrarios, que ha castigado más a sus aliados que a sus enemigos.
