Los daños al cauce del río Nizao, debido a la extracción indiscriminada de materiales para la construcción, no solo se limitan al medioambiente y la ecología de acuífero, sino que la devastación se expresa en las fosas que se han creado en los últimos años.
También cuenta la terrible pérdida de más de una veintena de seres humanos ahogados en sus engañosas trampas mortales.
Esto a pesar de los anuncios de distintos incumbentes del Ministerio de Medio Ambiente, los últimos 20 años, asegurando ambiciosos planes, con sumas multimillonarias, para el rescate y protección de esta importante fuente de agua, que suple los acueductos de Santo Domingo Oeste, San Cristóbal y Peravia, con alcance para más de 5 millones de usuarios.
Asimismo, operan desde su lecho las presas Jigüey, Aguacate y Valdesia, que junto al contraembalse Las Barías, generan una importante carga de energía al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI).
El río Nizao además irriga sobre las 50 mil hectáreas dedicadas a la producción agrícola de distintos rublos en toda la provincia Peravia.
Son estar razones que han provocado que congresistas banilejos hayan solicitado, desde sus curules, mediante resoluciones aprobadas, al Ministerio de Medio Ambiente y al presidente Luis Abinader, poner atención a esta fuente de agua y enclave ecológico, para lo que han demandado hasta “el uso de la fuerza pública”.
El obispo de la Diócesis de Baní, Ocoa y San Cristóbal, monseñor Francisco Burgos Brizman, junto a las voces de ambientalistas de aquí han manifestado a Listín Diario su indignación por los daños que causan los granceros a este recurso ecológico. Equipos de Listín Diario han recorrido a esta zona, donde se evidencia “la gran concurrencia de visitantes a este lugar, pero también la ausencia de los organismos de protección civil”.
Peligros
Los hoyos profundos que causan equipos mecánicos como palas mecánicas, retroexcavadoras y otros, para llenar camiones volteos y volquetas de considerables capacidades de carga, han provocado muertes por ahogamiento y, hasta la desaparición de personas.
Muertes que han llenado de luto y dolor a familias y hogares de Baní, San Cristóbal, Haina, Santo Domingo y hasta de extranjeros.
Entre estas se cuentan adultos, hombres y mujeres, desde los 25 años hasta pasados los 50, también de niños y adolescentes que van desde edades tan tempranas como de 4 años hasta los 13 y 18 años.
El caso más reciente sucedió el pasado 27 de julio, cuando cuatro jóvenes emprendedores, llenos de vida y sueños perdieron la vida, en un vehículo en el que se desplazaban por esta ruta de Los Tres Charquitos y la Neverita, que comparten Baní y San Cristóbal, fueron succionados al fondo de uno de estos charcos.
El reporte forense indica que perecieron ahogados esa noche en el interior de su vehículo; Karlos Jamil Lorenzo Gilarranz, 34 años; Gabriel Rafael Joa Rondón, de 31; Aldy Chamir Royer Frías, de 34, y Ginneudy Alcántara Suero, de 23. Cuatro jóvenes resultaron silenciados para siempre en ese único rato de noche en esa furnia fatal.
A pesar de esta reciente tragedia, los bañistas y visitantes a este balneario siguen llegando de manera fluida, revela Martina Valdez, que tiene aquí por años su pequeño negocio de venta de alimentos, con lo que mantiene a su familia de 8 miembros, entre estos dos niños de 12 y de 10 años.
“La gente siegue viniendo aquí sin problemas, porque en esta zona de la Neverita no hay tanto peligro, el mayor peligro está más arriba, en el sitio de Los Tres Charquitos, que fue donde se ahogaron las 4 personas”, explica Valdez.
