América Latina y el Caribe experimentan un aumento de la demanda eléctrica mientras transforman sus sistemas energéticos. ¿Cómo ve Karpowership este momento para la región?
América Latina se encuentra en un momento muy importante de su desarrollo energético. La demanda eléctrica está aumentando, mientras los países buscan incorporar más energías renovables, fortalecer sus redes y reducir las emisiones. Al mismo tiempo, las sequías y otros fenómenos relacionados con el clima ejercen presión adicional sobre los sistemas que dependen de la generación hidroeléctrica.
El desafío es, cada vez más, de ejecución. Una cosa es anunciar nueva capacidad y otra es suministrar electricidad a la red cuando los consumidores y las empresas realmente la necesitan. Para ello, la generación, la transmisión, la infraestructura de combustibles y la obtención de permisos deben avanzar de manera coordinada. La región cuenta con excelentes recursos energéticos y sólidas capacidades técnicas. La oportunidad ahora es convertir esas ventajas en proyectos que puedan ejecutarse en plazos realistas y suministrar electricidad confiable a los hogares y a los sectores productivos de la economía.
¿Qué factores evalúa Karpowership antes de entrar en un nuevo mercado y qué hace de América Latina una región estratégica para la empresa en la actualidad?
Partimos de una pregunta sencilla: ¿qué problema estamos tratando de resolver? A partir de ahí, analizamos el crecimiento de la demanda, los márgenes de reserva, los combustibles disponibles, la infraestructura portuaria y de transmisión, los requisitos ambientales y, algo muy importante, la rapidez con la que se necesita esa capacidad. También examinamos el marco regulatorio y la contraparte, porque todo proyecto debe ser técnicamente sólido y comercialmente sostenible. América Latina resulta especialmente interesante porque muchos países intentan añadir capacidad, incorporar renovables, fortalecer sus redes y mejorar la seguridad energética al mismo tiempo.
Pero no existe un único mercado eléctrico latinoamericano. Las necesidades de un sistema insular pueden ser muy diferentes de las de un país dependiente de la hidroelectricidad o de una gran economía industrial. Por tanto, las tecnologías, las estrategias de abastecimiento de combustible y las estructuras comerciales deben diseñarse para cada mercado, en lugar de aplicar la misma solución en todas partes.

¿Cómo puede un suministro eléctrico confiable y flexible contribuir a la competitividad, la atracción de inversiones y el crecimiento económico en América Latina?
La electricidad confiable es infraestructura económica. Si usted opera una fábrica, un hotel, un hospital o un centro de datos, necesita saber que tendrá electricidad cuando la requiera. Cuando el suministro es poco confiable, las empresas invierten en generación de respaldo; la producción puede interrumpirse y resulta más difícil justificar las decisiones de expansión. Esos costos no siempre aparecen directamente en la tarifa eléctrica, pero son muy reales para la economía.
Por tanto, la confiabilidad tiene una relación directa con la competitividad. Los inversionistas que consideran instalar una nueva fábrica o desarrollar un proyecto turístico o una operación tecnológica quieren saber no solo cuánto cuesta la electricidad, sino también si el sistema puede respaldar de manera confiable el crecimiento de su inversión. La flexibilidad es igual de importante. Un sistema eléctrico debe poder responder a los picos de demanda, las interrupciones imprevistas y las variaciones de la generación renovable. Esa capacidad, en última instancia, reduce el riesgo del sistema y favorece el crecimiento económico.
Ante los fenómenos climáticos, la volatilidad de los mercados mundiales y las fluctuaciones en la disponibilidad de combustibles, ¿qué significa hoy construir una verdadera seguridad energética para la región?
Para mí, la seguridad energética comienza por evitar una dependencia excesiva de una sola opción como el combustible, un proveedor, una tecnología de generación o un patrón climático. Los últimos años han demostrado por qué esto importa. Las condiciones hidrológicas cambian, los mercados de combustibles cambian y la infraestructura puede fallar. Por eso, un sistema eléctrico resiliente necesita reservas operativas suficientes, un suministro diversificado de combustibles, una logística confiable y capacidad de contingencia que pueda activarse cuando ocurra un imprevisto.
El almacenamiento y la gestión de la demanda también forman cada vez más parte de esa ecuación. En última instancia, el objetivo es muy práctico: ante una sequía, una interrupción del suministro de combustible o una falla de infraestructura, el sistema eléctrico debe poder absorber el impacto, mantener el suministro esencial y recuperarse rápidamente sin imponer costos desproporcionados a los consumidores o a las empresas.
Las centrales eléctricas flotantes a veces se perciben únicamente como respuestas temporales a emergencias energéticas. ¿Cómo ha evolucionado este modelo hasta convertirse en una solución de mediano y largo plazo para ciertos mercados?
Esa percepción se debe en parte a una de las mayores ventajas del modelo: su rapidez. Los Powerships pueden responder rápidamente cuando un país necesita capacidad con urgencia. Pero la rapidez no implica que la solución tenga que ser temporal. Hoy nuestros Powerships operan bajo contratos de distinta duración y pueden atender necesidades de carga base, carga intermedia o demanda pico, según las necesidades del sistema. Son modulares, de modo que puede incorporarse capacidad adicional a medida que crece la demanda, a la vez que se evitan muchos de los riesgos de adquisición de terrenos y construcción asociados con los proyectos convencionales.

También existe flexibilidad durante la vida del proyecto. Un Powership puede pasar, por ejemplo, de combustible líquido a gas natural e integrarse con infraestructura flotante de gas natural licuado (GNL). Esto significa que una solución introducida para atender una necesidad inmediata de capacidad puede evolucionar conforme se desarrollan la matriz de combustibles y el sistema eléctrico del país. Por eso, la generación flotante puede desempeñar un papel no solo en situaciones de emergencia, sino también dentro de una estrategia energética más amplia de mediano y largo plazo.
¿Qué innovaciones tecnológicas y soluciones energéticas está desarrollando Karpowership para apoyar la transición hacia sistemas energéticos más limpios, eficientes y flexibles?
No esperamos que una sola tecnología resuelva todos los desafíos energéticos. Los sistemas eléctricos son cada vez más complejos y distintas tecnologías necesitan trabajar juntas. El gas natural y la infraestructura de GNL son una parte importante de nuestra estrategia. Nuestros buques terminales de GNL pueden recibir, almacenar y regasificar GNL y suministrarlo tanto a nuestros Powerships como a otros clientes, lo que nos permite ofrecer una solución integrada de generación eléctrica a partir de GNL. Al mismo tiempo, estamos invirtiendo en energías renovables y almacenamiento en baterías, y exploramos tecnologías como la captura de carbono, los combustibles alternativos, la desalinización mediante Waterships y la infraestructura flotante para centros de datos mediante Dataships.
A medida que aumenta la participación de las energías renovables, esta integración cobra especial importancia. La energía solar y la eólica son componentes esenciales de la transición energética, pero su producción varía de forma natural. Por ello, los sistemas eléctricos también necesitan capacidad de generación despachable, almacenamiento y redes más robustas para mantener las reservas y equilibrar la oferta y la demanda. Nuestro enfoque consiste en combinar las tecnologías adecuadas según las necesidades de cada sistema eléctrico, en lugar de promover una única solución para todos los mercados.
¿Qué condiciones regulatorias, institucionales y de infraestructura necesitan los países de la región para atraer inversiones energéticas sostenibles y responder con mayor rapidez al aumento de la demanda eléctrica?
Para los inversionistas en infraestructura, uno de los factores más importantes es la previsibilidad. Todo gran proyecto energético conlleva riesgos, pero las reglas que rigen esos riesgos deben ser claras. Los procesos de contratación deben ser transparentes, los contratos deben ser financiables y las responsabilidades relativas a los permisos y la interconexión deben estar claramente definidas. Los plazos también deben ser realistas, porque la generación, la transmisión, la infraestructura de combustibles y la obtención de permisos son interdependientes.
Un aspecto que considero especialmente importante es cómo se evalúan los proyectos. El precio nominal de generación más bajo no necesariamente representa el menor costo para el sistema eléctrico. El plazo de entrega, la disponibilidad, la eficiencia, el consumo de combustible, los requisitos de transmisión y la infraestructura de apoyo necesaria para poner en operación un proyecto tienen valor económico. Un proyecto que parece barato sobre el papel, pero no puede suministrar electricidad cuando el sistema la necesita, puede terminar siendo considerablemente más costoso. Cuando los gobiernos ofrecen un marco regulatorio e institucional claro, los inversionistas pueden calcular los riesgos con mayor precisión, obtener financiamiento y asumir los compromisos de largo plazo que requiere la gran infraestructura.
¿Qué distingue a la República Dominicana dentro de la estrategia regional de Karpowership y qué potencial tiene el país para consolidarse como referente energético en el Caribe?
La República Dominicana enfrenta muchas de las mismas cuestiones energéticas que el resto del Caribe deberá abordar cada vez más, como el crecimiento de la demanda eléctrica, una mayor penetración de las energías renovables, la necesidad de capacidad firme confiable y el fortalecimiento de la infraestructura de transmisión. Hemos presenciado esa evolución directamente. Nuestra operación en Azua comenzó con 178 MW en 2023 y se amplió a 408 MW en 2025. En los períodos de máxima demanda, nuestros tres Powerships pueden suministrar actualmente alrededor del 10 % de la demanda eléctrica pico del país.
Cabe destacar que esa expansión se realizó manteniendo la continuidad operativa. Ya contábamos con la infraestructura, el equipo local y las relaciones institucionales, lo que nos permitió incorporar capacidad por etapas según las necesidades del sistema. La mayor oportunidad para la República Dominicana es demostrar cómo pueden funcionar en conjunto los distintos componentes de un sistema eléctrico. La generación firme, el gas natural, las energías renovables, el almacenamiento y una transmisión más robusta no deben considerarse de forma aislada. Son componentes de un mismo sistema. Si el país continúa avanzando en estas áreas, podría convertirse en un referente importante para otros mercados del Caribe que enfrentan desafíos similares.
P9. En el contexto del Future Energy Summit, ¿qué mensaje principal compartirá Karpowership sobre el futuro de la energía en América Latina y el papel que aspira a desempeñar la empresa en esa transformación?
Mi mensaje principal sería que la ejecución importa. América Latina tiene metas energéticas ambiciosas y enormes recursos, pero los consumidores no experimentan una estrategia energética plasmada en un documento. Perciben si hay electricidad cuando encienden las luces, si una fábrica puede operar sin interrupciones y si una nueva inversión puede conectarse a la red y crecer.
Por tanto, la región necesita cerrar la brecha entre la ambición energética y su implementación. El papel de Karpowership es ayudar a los países a convertir esos planes en electricidad confiable, especialmente donde se necesita capacidad firme en plazos realistas. A medida que esos sistemas eléctricos se desarrollan, nuestras soluciones pueden evolucionar con ellos: desde la generación convencional hasta la infraestructura de gas natural y GNL, el almacenamiento y las energías renovables. Foros como el Future Energy Summit son importantes porque los proyectos energéticos exitosos requieren que gobiernos, empresas eléctricas, inversionistas, proveedores de combustibles y proveedores de tecnología trabajen de manera coordinada. En última instancia, esa coordinación es lo que convierte los planes energéticos en infraestructura operativa.

