Con el actual nivel de inseguridad y de un estado fallido, realizar unas elecciones presidenciales en Haití es un verdadero disparate. República Dominicana es el que más desea que Haití retome las sendas de la estabilidad política y económica porque somos los que sufrimos del terrorismo que impera en las ciudades y campos del vecino país.
¿Pero a quién se le ocurren unas elecciones presidenciales el 30 de agosto en un país controlado por las bandas terroristas y con millones de ciudadanos desplazados de sus hogares?
En primer lugar, una mayoría de ciudadanos podrían verse impedidos de votar libremente o incluso de acudir a los centros electorales por temor a ser agredido o asesinado. En segundo lugar, también existe el riesgo de que los candidatos deban negociar con grupos armados para hacer campaña, lo que sería un gravísimo error ya que obligaría al nuevo gobierno a darles concesiones a líderes de las bandas. Tercero, aunque esas elecciones se realicen, quien reconocería esos resultados si no hay garantías de que fueron transparentes, seguras y representativas de una mayoría de los votantes registrados, si es que hay un padrón depurado y validado por una institución electoral reconocida.
Es un dilema político ya que Haití lleva años sin autoridades elegidas democráticamente y eso tiene que acabar. Pero no sin antes eliminar de raíz la inseguridad y el terrorismo de las organizaciones criminales que controlan el 70% del país. Ese debe ser el objetivo principal del gobierno haitiano y de la comunidad internacional.
¿Quién va a creer que dos mil soldados de Kenia, que están siendo sustituidos por soldados del Chad, van a eliminar a las bandas terroristas? Es imposible. Su misión es más de protección que de ataque.
Lamentablemente, esa nueva fuerza de paz no logrará recuperar suficiente control territorial para que las elecciones previstas en Haití puedan celebrarse con un mínimo de seguridad. No lo hicieron en dos años los soldados de Kenia y no podrán hacerlo ahora en tres meses.
Para eso se necesitan por lo menos 20 mil soldados bien armados y usando equipos de combate, que barran el país eliminando a los cabecillas y miembros de las bandas terroristas ya que de lo contrario Haití jamás podrá realizar unas elecciones libres para restablecer la gobernabilidad.
Mientras tanto seguiremos soportando el alto costo de defender la frontera mientras siguen entrando miles de haitianos ilegales ayudados por traficantes que deberían ser fusilados en el acto.
