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A 188 años de la creación de la sociedad secreta La Trinitaria

Este jueves se cumplen 188 años de aquel 16 de julio en que Juan Pablo Duarte, en compañía de otros ocho amigos, fundó la sociedad secreta que se denominaría “La Trinitaria”.

De acuerdo con el libro “Vida de Juan Pablo Duarte”, de Pedro Troncoso Sánchez, que recoge a su vez escritos y pensamientos de Serra, el ejemplo de que el movimiento podía ser posible Duarte lo veía en la “Conspiración de Los Soles de América”, una sociedad secreta de carácter masónico que perseguía la independencia de Cuba.

El ideario del patricio consistía en que el objetivo fundamental de los primeros miembros era iniciar el contacto con otros dos conjurados, con el único conocimiento de quien los unía al movimiento y “cumplir órdenes que recibiría más adelante por el intermedio”, para de esa forma expandir el movimiento a nivel nacional, inclusive, a dominicanos relacionados a los invasores y a jóvenes adeptos.

Conformando así células de tres, a quienes sería suministrada solo la información necesaria y, en caso de que alguno llegase a traicionar su enlace, los demás pudieran continuar con el movimiento.

José María Serra, Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandrino Pina, Benito González, Félix María Ruiz, Jacinto de la Concha, Juan Nepomuceno Ravelo y Felipe Alfau fueron los ocho amigos de la entera confianza de Duarte que quedaron invitados a una reunión en privado en la casa de Juan Isidro Pérez, el 16 de julio de 1838, a las 11:00 de la mañana.

La elección de aquel 16 de julio fue parte del plan de Duarte para que no levantara sospecha la reunión, puesto que ese día se celebra la Virgen del Carmen y no levantarían sospechas entre la muchedumbre que se volcaba en las calles de la Ciudad Colonial en la procesión religiosa.

La selección de la fecha fue conjunta con el lugar, puesto que la casa elegida de Josefa Pérez de la Paz “Chepita”, madre de Juan Isidro, queda justo al frente de la Iglesia del Carmen, desde donde salía la procesión de la virgen.

Una vez los nueve jóvenes llegaron al lugar, fueron recibidos por la señora en una habitación en la parte trasera de la casa, se sentaron en una mesa con nueve sillas apartadas y Duarte esperó que avanzara la procesión y con ella el murmullo de la gente para iniciar la “peligrosa” conversación acerca de la nueva aventura en la que todos brindarían un convincente sí.

Duarte inició sus palabras reconociendo los sentimientos patriotas de con quienes estaba reunido e incitando a concentrarlo en un fin “positivo, práctico y trascendental”, sin pensar en la protección extranjera, subrayando que “con la decisión de todos, nosotros solo podremos ser y mantenernos libres”.

¿Por qué la “Trinitaria”?

El porqué de la selección del nombre del movimiento, fue lo que siguió en la explicación de Duarte, fundamentado en tres razones: porque se compondría de grupos de tres para la formación, tendría como amparo la Santísima Trinidad y como lema “Dios, Patria y libertad”.

Los trinitarios tendrían cuatro toques de comunicación: sí, no, confianza y sospecha, los mismos que Duarte procedió a realizar en la mesa de madera en la cual estaban sentados.

La obligación dictada por Duarte a cada uno de sus amigos, que le escuchaban con especial atención, era la de hacer propaganda “constante e incansablemente” a aquellos que podrían realizar aportes positivos al movimiento.

Asimismo, cada uno tenía la responsabilidad de realizar aportes económicos de acuerdo con sus ingresos para cubrir los gastos que incurrieran en la movilización a las distintas provincias y parajes para promover la sociedad.

Juramento trinitario

Luego Duarte les hizo saber que de continuar, pactarían un juramento con sangre y si entendían que la responsabilidad era mucha, podían renunciar a lo que todos dijeron animados que no.

Procedió Duarte a entregarles a cada uno una copia del juramento, el cual finalizada la lectura y sacando Duarte de su chaqueta un relicario, utilizó la aguja y se pinchó el dedo pulgar de su mano izquierda y lo estampó en la hoja, acción que hizo con los ocho.

“No es la cruz el signo de padecimiento; es el símbolo de la redención, queda bajo su égida constituida la Trinitaria, y cada uno de sus nueve socios obligados a reconstituirla, mientras exista uno, hasta cumplir el voto que hacemos de redimir la Patria del poder de los haitianos”, recoge el escrito que manifestó Duarte tras la juramentación .

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