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67 años de estupidez para volver al pasado

Cuba, que vive en los años 50, sufre escasez de todo. Gran déficit de energía, represión política, infraestructuras obsoletas, transporte primitivo, alimentación escaza y una dinastía gubernamental que huele a podrido. Y el pueblo perdió la brújula ya que se acobardó y se adaptó a vivir en la miseria y el miedo.

67 años después, el gobierno cubano empieza a retroceder al pasado. La nuevas reformas anunciadas recientemente intentan impulsar una economía de mercado. Esa economía capitalista que fue sustituida por un comunismo más brutal que el de la URSS y de China en aquellos tiempo de la guerra fría.

Entre esas medidas se destaca un reforzamiento del sector privado donde se autoriza que grandes empresas, sin límite de tamaño, puedan operar en Cuba. Y lo más importante es que esos inversionistas no tendrán la obligación de que esas nuevas empresas sean de capital mixto, con el estados como accionistas. Las empresas estatales se transformarán en sociedades comerciales y se eliminará la escala salarial estatal en favor de acuerdos firmados a nivel de cada empresa.

En cuanto a la energía, uno de los grandes problemas de Cuba desde que Venezuela le suspendió la venta o regalo de petróleo tras el apresamiento de Maduro, se propone aumentar el suministro mediante la inversión privada pudiendo participar en la compra y venta de combustible, incluido el mercado minorista. También se establecerán incentivos fiscales para la inversión en energías renovables.

Las reformas permitirán a los cubanos residentes en la isla y en el extranjero comprar inmuebles hasta ahora de propiedad estatal, “caso por caso”, y adquirir propiedades en zonas con alto potencial turístico.

Créanlo o no, el gobierno fomentará la inversión privada en el sector bancario y, por primera vez, tanto ciudadanos como empresas privadas podrán tener cuentas en divisas. Por su parte, las remesas enviadas por cubanos en el exterior, una fuente vital para muchas familias, ya no pasarán exclusivamente por el Estado y también se le permitirá al sector privados operar las casas de cambio.

Finalmente, seguirán con algunos estupideces como mantener las tierras agrícolas bajo propiedad estatal, pero podrán ser explotadas por inversionistas privados. ¿Alguien se arriesgaría a invertir en tierras estatales en un régimen comunista?

De todas formas, esos anuncios de apertura económica no tendrán mayor relevancia mientras el castrismo siga gobernando en Cuba. Hasta su esplendoroso turismo, principal fuente de divisas, está en caída libre con el cierre de muchos hoteles. 

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