Más de 170 niños huérfanos, más de 189 heridos que quedarán con lesiones permanentes y más de 236 muertos, cuya cifra —según muchos dominicanos— parece estar mal contada. Sin embargo, el mismo tribunal deberá analizar, conforme al artículo 229, el comportamiento del imputado Antonio Espaillat, quien se presentó de inmediato ante la justicia.
Ahora bien, ¿qué está ocurriendo dentro de lo que constituye la hermenéutica jurídica dominicana? ¿Qué está pasando entre nosotros? Hay elementos que no están escritos en los códigos, pero que son justos, y deben ser tomados en consideración.
He dicho en este programa —y en tantos otros en los que he participado— que cuando hay un muerto, hay que esperar que la sangre se seque. Y ya van 236 muertos.
El Ministerio Público ha solicitado prisión preventiva, lo cual equivale casi a la mitad de la pena. Y creo que están en su derecho; ese es su análisis. Pero la jueza, ante un hecho tan grave —cuando por cosas menos significativas aquí se impone prisión preventiva— pudo haber acogido ese criterio, aunque no esté expresamente previsto en el código.
Como decía mi padre —quien fue juez de paz, juez de instrucción, y juez de primera instancia en lo civil y penal—: cuando hay un muerto, hay que esperar que la sangre se seque.
En esta medida de coerción tardía y manipulada en perjuicio de Antonio Espaillat, mientras algunos celebran lo ocurrido como un triunfo, el verdadero gran perdedor ha sido él: Antonio Espaillat.
