En el sótano del Palacio de Justicia de Santiago, donde la luz del sol es un recuerdo casi inexistente y la humedad cala en los huesos, opera el Centro de Atención y Privación de Libertad Provisional (CAPLIP Santiago III), conocido tradicionalmente como “La Carcelita”.
Lo que debió ser un espacio de tránsito donde los detenidos esperaban la medida de coerción o cualquier variación de una decisión judicial, cuando un ciudadano permanecería un máximo de 48 horas, se ha transformado en un depósito humano donde los privados de libertad han permanecido hasta por 4 meses, de acuerdo al alarmante testimonio de la abogada Marcia Ángeles, coordinadora de la Defensa Pública en el Departamento Judicial de Santiago.
Al llegar a la planta baja del Palacio de Justicia prevalece el mal olor a orina acumulada y a putrefacción, provocando que quienes pasen por la zona deban taparse la nariz. Y si eso es con los que están fuera, para los que conviven ahí supone un infierno.
En “La Carcelita” se vive en un ecosistema hostil gobernado por bacterias y parásitos. En el interior, se pueden ver en las paredes de las celdas chinches y cucarachas que, sumadas al sucio y la falta de iluminación, son el día a día de quienes permanecen allí privados de libertad.
Una de las imágenes más perturbadoras muestra la extremidad de un interno cubierta por una erupción violenta de picaduras rojas e hinchadas. No es un caso aislado, es el resultado de noches de asedio por insectos.
“Pero lo que más me llamó la atención fue ver algunos internos picados, totalmente picados, sus cuerpos marcados por las cucarachas y los chinches que ellos dicen que de noche los pican, los despiertan incluso cuando están durmiendo. Y es una situación que realmente está afectando gravemente su salud”, enfatiza Ángeles.
Diseñada con una capacidad arquitectónica para albergar dignamente a un tope de 90 personas, las inspecciones periódicas de la Defensa Pública pintan un escenario de hacinamiento crítico.

“Cuando hice este informe, el 18 de abril, el centro tenía 120 personas. Fue creado para 90; había 119 hombres y una mujer”, relata la miembro de la comisión de cárceles de la Defensa Pública, evidenciando que el espacio opera de manera constante por encima de su capacidad real.
La ubicación subterránea agrava cada deficiencia. Las imágenes obtenidas por Listín Diario son desoladoras: paredes con la pintura descascarada por la humedad, barrotes oxidados y una oscuridad que parece espesa.
