El sofocante calor del mediodía capitalino y las lluvias torrenciales que inundan calles de Santo Domingo son recordatorios constantes de un clima cada vez más extremo.
En esta ciudad caribeña, los árboles se han convertido en aliados imprescindibles por sus beneficios tangibles: ofrecen sombra, refrescan el ambiente y absorben el exceso de agua durante aguaceros, alivianando naturalmente a quienes habitan esta urbe.
Distintos estudios consultados y publicados en la Biblioteca Virtual de Educación Ambiental Rosa Margarita Bonetti, coinciden en que la presencia de arbolado puede atenuar el fenómeno de “isla de calor urbano”, reduciendo temperaturas y la energía consumida en refrescar edificios, al tiempo que también actúa como un “paraguas verde” disminuyendo las inundaciones tras lluvias intensas, un beneficio clave para una ciudad vulnerable a tormentas tropicales.
Sin embargo, Santo Domingo sigue siendo una metrópoli carente de verde. Diagnósticos recientes revelan que solo alrededor del 15 por ciento del Distrito Nacional está cubierto por la sombra de árboles, aproximadamente 14 kilómetros cuadrados de superficie arbórea. Esta cifra está muy por debajo del 40–60 por ciento que se recomiendan organismos internacionales para ciudades con bosques urbanos robustos. El resto del paisaje urbano es un mar de asfalto y concreto que exacerba el calor.

La distribución del arbolado, además, es irregular. Zonas residenciales privilegiadas cuentan con calles arboladas y parques, mientras sectores populares carecen de estos espacios. Un estudio de 2021 destacó que barrios tradicionales del centro histórico como Gazcue ostentan un índice de cobertura arbórea sostenible de hasta 55 por ciento, impulsado por ingresos medio-altos y residentes más estables, en contraste con zonas densamente pobladas y de menor ingreso como Ciudad Nueva o San Carlos, con índices de apenas 38–40 por ciento.
En términos simples, se puede considerar que los habitantes de los sectores “acomodados” disfrutan más de los beneficios de los árboles que los de barrios humildes, donde la falta de áreas verdes incide en una menor calidad de vida. Esta disparidad refuerza lo que ambientalistas denominan “injusticia ambiental”: quienes viven en zonas más pobres sufren más calor, aire de menor calidad y riesgo de inundaciones, justamente por tener menos árboles que los protejan.
La escasez de árboles en ciertos sectores no solo es un legado de crecimiento urbano desordenado, sino también de decisiones pasadas poco acertadas en materia de jardinería urbana. Gran parte del arbolado existente no es adecuado para la ciudad.
Estudios señalan que 80 por ciento de las especies arbóreas plantadas en Santo Domingo son inadecuadas para el entorno urbano, ya sea por su tamaño, fragilidad o raíces invasivas, y cerca del 30 por ciento son especies introducidas exóticas. Las consecuencias de este descuido se hacen visibles en aceras rotas por raíces, árboles demasiado grandes en espacios reducidos y una mayor vulnerabilidad a tormentas: muchos ejemplares simplemente no resisten los efectos de huracanes por no ser especies aptas para el trópico urbano.
Además, documentos consultados de la biblioteca digital apuntan a que predominan las palmeras ornamentales importadas que, si bien embellecen la ciudad, aportan poca sombra y podrían ser presa fácil de plagas exóticas como el picudo o ácaros que amenazan estas especies.

Frente a esta realidad, expertos sugieren dar prioridad a especies nativas o adaptadas, más resilientes y beneficiosas para la biodiversidad local. La buena noticia es que este llamado ha sido escuchado: la ciudad está respondiendo con acción.
Políticas verdes
A pesar de los desafíos que presenta la ciudad, Santo Domingo está tomando medidas para revertir su déficit verde. En 2019, la Alcaldía del Distrito Nacional aprobó el Plan de Ordenamiento Territorial 2030, un ambicioso mapa de ruta que por primera vez estableció un “Sistema Verde Urbano” con zonas ambientales protegidas y corredores ecológicos dentro del espacio urbano.
Esta normativa delimita áreas clave –las riberas de los ríos Ozama e Isabela, el litoral costero, el Parque Mirador Sur, el Jardín Botánico Nacional, entre otras– como espacios que deben preservarse y conectarse mediante ejes arbolados. “El objetivo es crear una red de pulmones verdes interconectados que refresquen la ciudad y sirvan de hábitat urbano para flora y fauna”, indica el programa.
Complementando este marco, existe además una normativa municipal de arbolado urbano que regula la siembra, poda y tala de árboles desde hace años. Dicha normativa prohíbe la corta indiscriminada y exige permisos y compensaciones por cada árbol removido, salvo en casos justificados de enfermedad, peligro u obras públicas impostergables.
Otra acción adicional llegó en marzo de 2021 con el lanzamiento del Plan de Arbolado Urbano “Siembra tu Ciudad”, una iniciativa de la Alcaldía del Distrito Nacional con apoyo de múltiples sectores. “Aspiramos a una ciudad con un ambiente sano, con espacios verdes, seguros, amigables y dignos… El plan de arbolado urbano del Distrito Nacional que hoy lanzamos aspira justamente a eso: lograr juntos cambios sustanciales en beneficio de la ciudadanía”, dijo ese día la alcaldesa Carolina Mejía
El programa convocó a juntas de vecinos, escuelas, iglesias, empresas y autoridades a sumarse en jornadas de siembra y cuidado de árboles nativos en calles, aceras y parques. Según lo que establece, su objetivo no era solo “plantar por plantar”, sino establecer el árbol correcto en el lugar correcto: especies endémicas y criollas, bien adaptadas al trópico urbano, que no causen daños a infraestructuras y brinden la mayor cantidad de servicios ecosistémicos.
En paralelo, se dispuso incluir el arbolado en las normativas urbanísticas para asegurar que nuevos proyectos destinen espacio a árboles, mejorar las prácticas de poda (especialmente cerca de cableado eléctrico) y hasta realizar un inventario participativo del arbolado vial, apoyándose en la ciudadanía y herramientas tecnológicas de mapeo.
De acuerdo con el ayuntamiento, esta iniciativa fue fructífera, ya que aseguraron que la cobertura boscosa urbana ha dejado de disminuir e incluso hay pequeños incrementos en áreas intervenidas recientemente, aunque aún es pronto para evaluar un cambio global en el porcentaje de cobertura, situado en 15 por ciento.
El camino por recorrer sigue siendo largo. Expertos advierten que para alcanzar estándares internacionales de cobertura arbórea (40 por ciento o más) harán falta años de siembra sostenida, políticas coherentes y proteger los árboles existentes de la deforestación urbana.
Las investigaciones locales sugieren fijar metas realistas de arbolado para cada sector, adaptadas a su contexto social y físico. En áreas densamente construidas como barrios populares, aumentar la cantidad de árboles requerirá “creatividad”, sugiriendo ideas como convertir lotes baldíos en mini-parques, abriendo tramos de pavimento para ofrecer espacio a la tierra, o incorporando soluciones innovadoras como jardines verticales y azoteas verdes.
Más allá de posibles sugerencias y soluciones, los expertos coinciden en la necesidad de que para mejorar las condiciones del arbolado en Santo Domingo se requiere de una constante contribución de las comunidades, empresas y políticas públicas que logren afianzar un verde que tanto la ciudad como sus habitantes necesitan.
