“Hay que pasar de las palabras a los hechos y ver si algún día amanecemos con la noticia de que la cárcel de La Victoria ya no existe. Para que eso ocurra, debemos golpearnos el pecho y asumir nuestra responsabilidad colectiva.
La historia ya la tiene grabada; no tenemos cómo borrarla. La Victoria —la tristemente célebre Victoria— solo representa tragedia y calamidad. Son esas, precisamente, las dos palabras más apropiadas para describirla.
Y si analizamos las acciones que se han tomado en materia penitenciaria, la realidad es desalentadora. ¿Qué avances hemos tenido en el sistema carcelario? Ninguno. Todo ha sido un retroceso. La Victoria se ha convertido en un verdadero cementerio de hombres vivos. Una tragedia continua que no podemos seguir tolerando como sociedad.”
