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80 años después del ciclón de San Zenón, el déficit de árboles en la capital es dramático

Ver fotografías tomadas hace varias décadas de la capital dominicana resulta surreal. Pensar que tuvo avenidas con robles, laureles, caobas y, en general, con un verdor que resaltaba por encima del gris, es transportarse a una época que solo pasadas generaciones tuvieron la oportunidad de vivir.

El libro “Los árboles de Santo Domingo” permite rememorar lo que supo ser la capital: la avenida Bolívar era un túnel de robles rosados; una hilera de caobas corría por la isleta de la avenida Duarte y los laureles daban sombra a la avenida Independencia.

Todos esos eran árboles sembrados a propósito, parte de los proyectos de arborización que, según remarca la publicación, siguieron al ciclón San Zenón en los años treinta.

Unos 80 años después, el Distrito Nacional es otra ciudad. Un inventario hecho por investigadores del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) con apoyo extranjero midió una cobertura arbórea de apenas 15.4 %, con más del 60 % del suelo bajo cemento, asfalto y edificios, lo que ha tenido consecuencias en los aumentos de temperatura y las inundaciones.

Sin embargo, la pérdida no ocurrió de golpe. Estudios académicos, archivos municipales y talas registradas detallan cómo grandes obras viales y construcciones de torres provocaron la desaparición de patios y jardines. Esto, sumado al uso de especies mal escogidas y a planes de arborización nunca aplicados, fue dejando a la ciudad sin su verdor.

Siembras y pérdidas

La obra “Los árboles de Santo Domingo” detalla cómo en el año 1908 se fundó la Sociedad del Árbol para sembrar 300 almendros. En 1929, un acta del Senado de la República obligó a reservar espacio para «árboles y césped en las calles de los ensanches» de más de 15 metros de ancho.

En 1956 se elaboró el primer Plan Regulador de Santo Domingo, que preveía proteger grandes áreas verdes, entre ellas la del actual Mirador Sur, pero nunca se aplicó debido a un choque de intereses con los terratenientes de la época, incluida la familia Trujillo, provocando que la ciudad se expandiera sin ese freno verde.

A pesar de esto, entre los años 1966 y 1978 se llegó a un punto alto de arborización. Mientras la población pasaba de 400 mil personas a más de un millón, se crearon el Mirador Sur, el Zoológico, el Jardín Botánico y el Mirador del Este.

Según el arquitecto Manuel Valverde Podesta, citado en el libro, en ese período el área verde por habitante subió de 3.6 a 13 metros cuadrados.

Un año después iniciaron los golpes. El huracán David y la tormenta Federico, en 1979, afectaron el 40 % del arbolado. En el Mirador Sur la pérdida fue del 50 % y en el litoral, del 60 %.

En los años ochenta hubo campañas de siembra, pero por falta de plantas se usaron principalmente especies exóticas de crecimiento rápido y vida corta, como la casuarina, la acacia amarilla y la melina.

En 1993 se publicó el decreto 183-93 que creó el Cinturón Verde de Santo Domingo, unos 130 kilómetros cuadrados alrededor de la capital. No obstante, para el año 2010, según cálculos recogidos por el libro, había perdido dos tercios de su territorio por la expansión urbana.

Normas, planes y vacíos

Iniciativas en el presente siglo se han intentado implementar para hacerle frente a la creciente falta de árboles de la capital.

En el 2004, la Alcaldía del Distrito Nacional, el Jardín Botánico Nacional y el Consorcio Ambiental Dominicano elaboraron la Normativa del Arbolado Urbano del Distrito Nacional, que regula la siembra, la poda y la tala en los espacios públicos y prohíbe sembrar especies como la acacia amarilla, la casuarina, el nim y la melina.

En 2021, la Alcaldía lanzó con el ministro de Medio Ambiente, el Jardín Botánico, el Intec y otras organizaciones el plan de arbolado Siembra tu Ciudad. En julio de este año informó haber incorporado más de 110 mil árboles, arbustos y plantas ornamentales desde 2020, una cifra que no distingue cuántos son árboles.

Los vacíos también están. El permiso de corte del Ministerio de Medio Ambiente excluye las áreas verdes públicas, como aceras y parques, que quedan bajo competencia municipal.

En septiembre, el regidor Wilkin Martínez sometió una reforma a la ordenanza de arbolado por considerar que tiene interpretaciones ambiguas.

También el Decreto 615-26, con el que el presidente Luis Abinader declaró en septiembre la lucha contra el «terrorismo medioambiental», protege áreas protegidas, cuencas, manglares y humedales. El árbol de una acera no figura en la lista divulgada por el Gobierno.

Sin respuesta

Este medio solicitó la posición del Ministerio de Medio Ambiente y de la Alcaldía del Distrito Nacional sobre la pérdida de arbolado y las talas recientes, sin haber recibido respuesta de ninguna de las instituciones hasta el cierre de esta edición.

El diagnóstico sobre el avance progresivo del gris sobre el verde en la ciudad no es nuevo. El libro consultado recoge una evaluación de dos técnicos de la Universidad Estatal de Michigan que advirtieron que la construcción de obras viales en las ciudades del país “no va acompañada de un plan adecuado de arborización”.

Cuatro décadas después, la frase sigue describiendo la realidad de la ciudad.

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